Erase una vez una chiquilla llamada Tamara. Se decidió a estudiar Auxiliar de Enfermería en Córdoba y por casualidades de la vida, se encontró conmigo en la misma clase. Desde un primer momento nos llevamos super bien, a ella se le va la olla, a mí también... así que encajamos perfectamente. Ella en verdad es de Palma del Río, pero estudia aquí esa FP que en su pueblo no hay. Y oye, como podéis ver, sí,
se come las uñas. Pero la he convencido para que deje de mordérselas, ¿cómo? Con las manicuras. Le dije que si dejaba de mordérselas un tiempo, se las pintaría. Y así, incluso estaría más tiempo sin tener la tentación de hacerlo. Ayer nos íbamos a ir de fiesta y me dijo que se las pintara de leopardo.
Yo no sé cómo se ve en la foto, pero las tiene más pequeñas de lo que pueda parecer ahí. Fue todo un reto para mí pintar unas uñas tan pequeñas y con las cutículas así. Era casi imposible no pintarle el dedo (y suerte que ella en su casa tenía pañuelos y quitaesmalte. Sin acetona además :D), pero conseguí algo decente a mi parecer.